La residencia en anestesiología (o Anestesiología y Reanimación, como se denomina oficialmente en España) es una etapa tan apasionante como exigente. No solo se trata de adquirir conocimientos técnicos y médicos, sino de desarrollar habilidades clínicas, comunicativas y humanas que te acompañarán durante toda tu vida profesional.
Aquí te comparto una guía con recomendaciones prácticas, fruto de la experiencia acumulada en quirófano, UCI y guardias interminables. Especialmente pensada para quienes estáis empezando o buscáis herramientas para mejorar vuestro día a día como residentes.
1. Valora siempre al paciente antes del quirófano
Uno de los errores más comunes al inicio de la residencia es subestimar la consulta preanestésica. No es un trámite burocrático: es tu primera intervención médica real como anestesista. Con frecuencia se hace referencia, erróneamente, a la falta de relación médico-paciente que desarrollamos. Lo que ocurre en realidad, es que solo tenemos oportunidad de establecerla en 2 momentos muy concretos pero que son claves: la consulta preanestésica y el antequirófano. En esos 2 momentos tenemos que poner “toda la carne en el asador” para poder entablar una relación adecuada, en la que primen la confianza mutua entre anestesiólogo y paciente.
Antes de cada intervención, asegúrate de:
- Revisar la historia clínica completa.
- Consultar los últimos análisis de sangre, ECG y pruebas de imagen.
- Evaluar la vía aérea y calcular el riesgo anestésico (predictores de vía aérea difícil, clasificación ASA).
- Preguntar sobre alergias, tratamientos actuales y antecedentes de anestesias previas.
El contacto humano con el paciente reduce su ansiedad y aumenta su confianza en el equipo. Aprovecha esos minutos para escucharlo y lograr su confianza.
2. Tu carro y tu máquina de anestesia son tus armas para la batalla: prepáralo todo bien
En anestesia, la organización es clave. Nunca empieces un procedimiento sin revisar y tener todo bajo control.
Checklist básico:
- Fuente externa e independiente de oxígeno.
- Monitorización completa (ECG, saturación, presión arterial, capnografía si aplica).
- Determinar tipos de acceso endovascular necesarios: venoso periférico, venoso central y/o arterial. Siempre, por lo menos, una vía venosa periférica permeable para iniciar el procedimiento. Confirmar que el material para lograr los restantes está preparado.
- Drogas cargadas y etiquetadas con nombre y concentración.
- Dispositivos para la vía aérea disponibles: mascarilla laríngea, tubo endotraqueal del tipo que se considere más adecuado, laringoscopio directo, dispositivos para una posible intubación difícil.
- Plan B siempre pensado (y si es posible, plan C).
Un anestesista previsor es un anestesista seguro. Lo inesperado deja de serlo si estás preparado. Recuerda que, para cada uno de los puntos anteriores, debes tener preparado un plan B, C, D…
3. Estudia de forma inteligente (no solo el día antes de la guardia)
La carga de trabajo durante la residencia puede hacer difícil mantener un ritmo constante de estudio, pero es fundamental.
Recomendaciones:
- Repasa cada día lo que has hecho y prepara lo que harás al día siguiente.
- Ten a mano un buen manual de anestesia clínica, en formato de bolsillo.
- Aprende de tus adjuntos y residentes mayores, pero también verifica y contrasta la información.
- Dedica tiempo a protocolos del hospital y guías clínicas (SENSAR, SEDAR, ERC).
En la anestesia moderna no basta con dominar la parte técnica, necesitas comprender la fisiopatología, la farmacocinética y saber anticiparte a las posibles complicaciones asociadas a cada procedimiento.
4. Documenta bien: el informe anestésico es tu escudo legal
En España, el consentimiento informado y el registro anestésico tienen valor médico-legal. Aprender a cumplimentarlos correctamente es parte de tu formación.
Asegúrate de anotar:
- Filiación de tu paciente.
- Hora de inicio y fin.
- Fármacos administrados con dosis exactas y tiempos.
- Parámetros monitorizados y eventos intraoperatorios.
- Técnicas realizadas (bloqueos, canalizaciones, intubación).
- Observaciones postoperatorias.
La hoja anestésica es un reflejo de tu trabajo. Un buen registro también facilita la continuidad asistencial.
5. Preguntar no es signo de debilidad: es signo de prudencia
Durante la residencia, vas a enfrentarte a situaciones complejas. No tengas miedo a pedir ayuda, aclarar dudas o compartir incertidumbres. El error más grave es el que se comete por orgullo o vergüenza.
- Consulta con tus adjuntos o con residentes mayores.
- Escucha a enfermería: su experiencia práctica es valiosísima.
- Acepta las críticas constructivas.
En anestesia trabajamos en equipo. Nadie es autosuficiente, ni siquiera el anestesista más veterano.
6. Cuida tu cuerpo y tu mente
Las guardias de 24 horas, la presión de la reanimación, la toma de decisiones rápidas… Todo suma en el desgaste físico y emocional. Prevenir el burnout es tan importante como prevenir un broncoespasmo.
Consejos:
- Descansa siempre que puedas.
- Come bien, aunque sea en pequeños descansos.
- No descuides el deporte ni el ocio.
- Habla con tus compañeros, tutores o adjuntos de confianza si te sientes desbordado. No estás solo/a.
Recuerda: un anestesista agotado no es un anestesista seguro.
Conclusión: El residente bien formado no nace, se hace
La residencia no es solo un camino académico, sino también personal. Irás desarrollando tu estilo propio, tu forma de comunicar, de liderar, de resolver problemas bajo presión.
Sé curioso, sé crítico, sé humilde. Y sobre todo: disfruta del proceso. Estás aprendiendo una de las especialidades más apasionantes y cruciales de la medicina moderna.